Hola! soy María José,
Acompañante en duelo animal que se define como una mujer fuerte que ha aprendido a transformar sus propias heridas en un refugio de paz.
Alguien que pone su propia madurez al servicio de quienes hoy necesitan un lugar seguro donde llorar y recordar sin juicios.
Llegué al acompañamiento en duelo después de decir adiós a animales que marcaron mi vida para siempre.
Conocí el dolor de no poder despedirme, la culpa, la rabia, la tristeza profunda y también el amor inmenso que permanece cuando ellos ya no están físicamente.
Hoy comparto con vosotros una versión más sabia, más empática, más en paz y con un propósito: ayudar a otros a transitar el laberinto del duelo.
Por eso, cuando llegas a mí, no encuentro únicamente a una persona que ha perdido a un animal. Encuentro a alguien que está intentando comprender cómo seguir adelante cuando una parte tan importante de su corazón se ha ido.
Mi propósito es ayudarte a atravesar este momento sin sentirte solo o sola. Acompañarte, sostenerte. Escucharte.
Koty: la que fue y será siempre mi mejor amiga del mundo mundial. Fui una niña que no encajaba, que no encontraba su lugar y ella me enseñó lo que significa sentirse querida, acompañada y aceptada tal y como eres. Cuando enfermó, mi padre decidió eutanasiarla sin mi presencia. No me pude despedir de ella. No entendí nunca que pasó. Y ese silencio, ese vacío quedó para siempre debajo de la alfombra.
Después llegaron Tyson y Luna.
Tyson fue mi compañero de vida durante más de una década. Me acompañó en los momentos más importantes de mi vida: durante la universidad, mi boda y mis embarazos. Llegó el cáncer. Murió en mis brazos. Le enterré con mis propias manos. Le recuerdo todos y cada uno de los días de mi vida. Qué crack fue mi Tyson!
Y Luna llegó para enseñarme otra lección. Le atacó un perro y falleció en el acto. Su pérdida fue tan inesperada como dolorosa y su muerte despertó en mí muchas preguntas, mucha culpa y la necesidad de comprender mejor el profundo vínculo que compartimos con nuestros animales.
Con el paso de los años entendí algo fundamental: cuando perdemos a un animal, no perdemos únicamente una mascota. Perdemos un compañero, un refugio, una rutina, una presencia constante y una parte importante de nuestra historia.
Ellos no solo fueron mis compañeros… fueron maestros y también espejo de muchas versiones de mí misma.
(Aquí os dejo una foto de esos tres “ sinvergüencillas”)